viernes, 24 de enero de 2014

La crítica de Gonzalo: Cazando luciérnagas

por Gonzalo Restrepo Sánchez
 
 
Esta sencilla historia de amor filial, más que plantear reivindicaciones paternalistas entre padre e hija, podemos enfatizar que el cineasta caribeño Roberto Flores Prieto (valió la pena esperar un poco) tapiza lo elemental del asunto, con un innegable poderío visual, por momentos impostada y que, con los silencios propios de quien habla consigo mismo; hace constancia contemplativa, resignada, lenta, en las costas del mar Caribe: el crepúsculo matutino, la aurora, el mar, la lluvia, etc.
 
Quizás esta película sea un homenaje al cine del mexicano Carlos Reygadas (“Luz silenciosa”), donde el ritmo y el tempo son unos elementos vitales para la historia, en el cual también podemos precisar que los diálogos son insustanciales, pero es que la vida anodina del personaje principal llamado Manrique, parece consumirse en la soledad y la vejez.
 
Estamos pues ante un buen film que con tomas larguísimas y escasos primeros planos que son la fórmula propia para la poética de su paisajismo (sensorial) y para imbuir en la profundidad del espacio; auxiliado por una luz amarilla (pero no el amarillo que usted cree sino el del Caribe colombiano), y que con un amanecer y un ocaso, proyecta el pobre destino de Manrique (Marlon Moreno).
 
¡Y es que él lo quiere así!

1 comentario:

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Madison
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