jueves, 5 de marzo de 2015

Reseña: Refugiado



Mañana, viernes 6 de marzo se estrena en España el cuarto largometraje como director de Diego Lerman, en el qué se acerca a uno de los temas más polémicos de la actualidad, la violencia de género o familiar que padecen tantas personas alrededor del globo terráqueo y que aquí es sufrida por la mujer protagonista encarnada por Julieta Díaz. La acción arranca de la manera más opuesta posible, un niño juega con sus amiguitos en la fiesta de cumpleños de uno de ellos ataviado con su cinturón y capa de superhéroe, detalle que más adelante tendrá su importancia. Pero una vez la fiesta ha acabado su madre no aparece a recogerlo, no coge el teléfono por lo que una de las mujeres de la fiesta junto a su familia lo lleva a casa encontrando a la madre en el suelo tras haber sufrido una paliza. A partir de aquí se produce la visita a la policía, la estancia en un refugio de mujeres maltratadas y la huida de un ambiente en el que ella no puede/quiere estar.


Toda la acción está narrada principalmente desde el punto de vista del niño, pasando por diferentes fases, extrañeza, miedo, adaptación, enfado etc.. construyendo una evolución del personaje efectista y correcta ocurriendo con la madre algo parecido pero más encorsetado ya que el niño cambia su percepción radicalmente de manera incoherente pero real, no deja de ser un niño al que no están dando la posibilidad de madurar de manera normal, como se puede ver por poner un solo ejemplo en la importante escena por el simbolismo de la noche que pasan en un hotel por horas donde las parejas van a tener relaciones sexuales. Sin ningún tipo de imagen escabrosa, solo con el ambiente y el sonido discernimos el impacto sobre él.


En estas circunstancias para el director hubiera sido muy fácil adentrarse por el camino del sensacionalismo y más en un caso qué, en principio y tal como nos ha sido presentado, tiene pocas lecturas. De hecho se trata de un maltratador reincidente, circunstancia que se ve reflejada en ese angustioso momento, interpretado de manera magistral por Julieta Díaz en el que los dos, madre e hijo, escapan y que el director lo retrata a la vez de manera veraz y jugando con los mecanismos del thriller. Toda una lección de como crear tensión llegando a hacer recorrer un escalofrío con el extraordinario acierto de no mostrar la cara del agresor creando una distancia entre el espectador y él, despojándole de su humanidad, solo discernible por medio del teléfono.


Al final Refugiado se convierte en una obra necesaria fundiendo lo que se cuenta, un tema importante que incluso sería más adecuado en documentales pero de menor difusión, con el como se cuenta, utilizando para ello una narrativa como el mentado thriller, drama puro pero sin excesos e incluso el género de las road movies, con madre e hijo moviéndose de aquí para allá e incluso exorcizando demonios del pasado que sirvan para abrir un esperanzador nuevo futuro. Todo ello confluye y acaba en el lugar más lógico, en el que la madurez asomada con demasiada precocidad se erige en manto protector, cerrando con un  último plano que se convierte en una declaración de intenciones.